lunes, 4 de junio de 2007

LA AVERSIÓN DE LOS CHINOS POR LA LECHE

Uno de los problemas de los evolucionistas y neoevolucionistas es su paradigma adaptativo. Para ellos la evolución es un mecanismo gradual y progresivo de cambio según el cual, los individuos que están mejor adaptados a su hábitat son los que tienen más éxito para reproducirse y por tanto los más capacitados para mantener y propagar más eficazmente su especie. Esta visión lineal tiene un defecto importante y es que considera al individuo como "sujeto pasivo" de la evolución. Así pues consideran la selección natural como algo dado por la naturaleza en la que el sujeto no puede intervenir. Este concepto tan mecanicista está fuera de la realidad. La realidad es mucho más compleja que esta simple ecuación de selección natural = adaptación= éxito reproductivo. No hay ninguna duda de que el sujeto interviene activamente en la construcción de su entorno y por tanto influye decisivamente en su biología. Hay pues que hablar de la construcción sociocultural de nuestra biología.

Nuestros hábitos, costumbres, formas de vida etc. tiene efectos importantes en nuestra biología. Es fácil entender cómo nuestros hábitos alimenticios o como los sistemas de producción que usamos (de si trabajamos demasiadas horas, si no disfrutamos de ocio y por tanto estamos estresados) tienen un impacto o efecto importante sobre nuestro cuerpo.

Un ejemplo de esto lo tenemos en el caso de la aversión de los chinos por la leche. Este es un hábito cultural que ha tenido una repercusión sobre la configuración genética de los chinos y otros pueblos asiáticos.

Para entender esta aversión hacia la leche y su implicación genética, hay que empezar diciendo que la leche es un alimento diseñado por la naturaleza para que los mamíferos alimenten a sus crías durante un período determinado de lactancia., fuera de este período, cuando las crías ya han sido destetadas, la leche deja de ser un alimento que se considere importante o deseable para el crecimiento. Esto lo podemos comprobar en cualquier mamífero, como por ejemplo el perro. Si por ejemplo pruebas a dar leche reiteradamente a tu perro adulto, verás como lo más probable es que sufra de diarrea u otros trastornos estomacales. Esto es debido a que el organismo del perro ha dejado de producir la enzima necesaria para tolerar la leche.

El ser humano y concretamente algunas culturas como la anglosajona o germánica con fuerte tradición ganadera han consagrado la lactomanía como una tradición cultural (es fácil comprobar a través de la televisión o el cine la afición de ciertas sociedades como la norteamericana por el consumo masivo de productos lácteos). Esta tradición cultural fuertemente arraigada en sociedades ganaderas como la norteamericana o inglesa ha tenido como efecto el prolongar la producción de la lactasa más allá del periodo infantil de lactancia.

Sin embargo las sociedades sin tradición ganadera como la China, que no tiene el hábito de consumir leche para obtener sus fuentes proteicas (ellos la obtienen del consumo de la carne de cerdo principalmente) ha producido a lo largo de miles de años una mutación genética en el cromosoma 2, de forma que deja de producir la enzima de la lactasa más allá de la época infantil. Por eso no es de extrañar que los chinos, presenten esa intolerancia a la lactosa y sufran de trastornos intestinales si consumieran la leche a la que no están habituados, produciendo esa conducta o reacción aversiva hacia la misma.

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